Mi escudo de armas y mi bandera

2024-01-14

Aunque desde que tengo memoria recuerdo algún tipo de afición a la heráldica y otras ramas relacionadas (los escudos de instituciones, de entidades deportivas, los distintivos de vehículos y redes de transporte...) no fue hasta relativamente tarde, en 2020 y en lo peor de la pandemia de COVID-19, que adopté mi propio escudo de armas. En un determinado momento pensé en un símbolo que me gustaba y quería usar, pero los primeros bocetos resultaban estar aún más recargados de lo deseable. Después de empezar a quitar cargas decidí que una de ellas iría en el timbre, y que a la carga inicial le acompañaría otra más simple. Tras dejar reposar durante unos días el diseño me quedé con un escudo que se blasona así:

Blasón: de gules, una rueda de tren alada de plata surmontada de una flor de cerezo de lo mismo entre las alas.
Un escudo de armas. De gules, una rueda de tren alada de plata surmontada de una flor de cerezo de lo mismo entre las alas.
Mi escudo de armas.

Evidentemente no iba a quedarme ahí, y a imitación de otras personas que habían adoptado más emblemas como un timbre, un lema, una medalla heráldica y un estandarte, hice lo mismo.

Timbre: sobre una cimera de gules y plata, un búho de oro agarrando con su pata derecha un libro abierto de plata.
Lema: «Dixerunt esse impossibile ergo feci» («dijeron que era imposible, así que lo hice»).
Medalla: un farol de locomotora de plata, sobre el marco un engranaje de gules y tres flores de cerezo de oro.
Un estandarte heráldico, tiene mis armas en la parte izquierda, y al vuelo, cortado de plata y gules, mi cimera, mi medalla y otra vez mi cimera, separados por mi lema sobre barras de gules con letras y fileteado de oro.
Mi estandarte.

El gules y la plata son los dos esmaltes principales de mi localidad en La Mancha, que estuvo en tierras de la Orden de San Juan. El gules también es el color socialista por excelencia. La rueda alada simboliza los ferrocarriles, una herencia familiar y a la vez uno de mis pasatiempos, el progreso y la búsqueda constante de mejorar. La flor de cerezo representa mi interés por la cultura japonesa y mi objetivo por aprender su idioma y costumbres. El búho y el libro son una metáfora de las cosas que ya sé y las cosas que aún quiero aprender y conocer.

Una vez que tenía todo este conjunto me faltaba algo aún más atípico: una bandera personal. Si bien es común ver a gente luciendo un escudo de armas, muchas veces con la excusa de su apellido (esto por lo general no es una práctica correcta, pero no voy a entrar en este tema), no lo es tanto que alguien use su propia bandera que le represente en exclusiva. Una muestra de banderas de personas relacionadas con la vexilología se puede encontrar en la web Les Drapeaux personnels des Vexillologues. Intenté usarla de referencia para pensar cómo podría ser mi bandera, pero no terminé de sacar nada en claro. Sí sabía que tenía que guardar relación con mi escudo de armas pero tampoco quería recargarla más de la cuenta. Finalmente encontré una solución quitando las alas de la rueda y haciéndolas servir como farpas de la bandera.

Mi bandera personal. Un cuadrado rojo con una flor de cerezo y una rueda de tren en blanco, puestos una sobre el otro. Al vuelo hay cuatro farpas blancas de la mitad del ancho de la bandera.
Mi bandera personal.

La bandera es lo suficientemente distintiva en dos casos: por las farpas, porque hay muy pocas banderas que tengan esta forma; y si no las llevara, porque sus cargas en conjunto son únicas a cualquier otra bandera que conozca, pues sí que hay banderas que tienen una flor de cerezo o una rueda de tren, pero ninguna ambas a la vez como la mía. La suma de las farpas y los huecos que dejan entre ellas es de siete, número que se corresponde con el de mi seudónimo.

Tengo la suerte de que conseguí que una empresa fabricase una copia física de la bandera. Fue un encargo atípico debido a su forma, pero pudo llevarse a cabo satisfactoriamente. Es una pieza que me alegra poseer.

Una foto mía de cuerpo entero portando mi bandera. Llevo ropa ancha y un casco futurista.
Portando mi bandera en público.

En estos años he ayudado a otras personas a obtener sus propias armas, a veces por encargo y a veces como un regalo inesperado. Es un proceso muy interesante porque me ayuda a entender mejor a la otra persona, con la que procuro tratar estrechamente para conseguir el mejor resultado. En España cualquier persona puede adoptar armas propias libremente y sin comunicación previa, así que regalar a alguien su escudo único y privado es una excelente y original manera de estrechar vínculos.